Durante muchos años se ha mantenido viva la polémica sobre el papel que deben desempeñar los padres en las tareas escolares . Mientras para algunos padres y maestros ellas son una responsabilidad exclusiva de los niños y la participación de los padres debe ser mínima, para otros debe existir un acompañamiento cercano de los padres y un apoyo hasta que los niños estén en capacidad de asumir por completo esta responsabilidad. Probablemente en este caso, como en tantos otros, la posición más sabia se encuentre en un punto intermedio. Es preciso reconocer que los padres tenemos un papel por desempeñar en las tareas escolares de nuestros hijos, especialmente mientras ellos son pequeños y llega el momento en que puedan asumir progresivamente sus propias responsabilidades.
A continuación ofrecemos algunas sugerencias para ayudar a nuestros hijos con sus tareas escolares:
Brindemos a nuestros hijos las condiciones apropiadas y los materiales necesarios para hacer sus tareas. Es esencial un lugar bien iluminado y tranquilo, sin la interferencia de la televisión y otras distracciones. Los niños deben contar con los recursos necesarios para cumplir con sus deberes escolares, tales como lápices, papel, diccionarios, y los libros y materiales exigidos por el colegio o escuela.
Enseñe a su hijo a administrar el tiempo. Los niños muchas veces quieren dejar sus deberes escolares para el último lugar dentro de su lista de actividades. Establezca un horario y una rutina para las tareas, evitando que ellas queden relegadas para la hora cuando el niño está cansado y quiere descansar; o para el domingo en la noche, en víspera de iniciar la semana escolar.
Refuerce el valor de las tareas. Si su hijo ve la importancia que usted le da a sus tareas, aprenderá más rápido que estas tienen un valor en el proceso de aprendizaje. Busque la manera de mantenerlo motivado frente a las tareas, especialmente frente a aquellas que requieren un mayor esfuerzo.
Desarrolle actividades paralelas con su hijo. Una manera de valorar las tareas y de reforzar la importancia que ellas tienen es haciendo una actividad similar a la tarea que tiene su hijo. Si su hijo tiene una tarea de escritura, siéntese a su lado y aproveche la oportunidad para escribir algo que tenga pendiente; o revise sus cuentas personales mientras su hijo avanza con su tarea de matemática.
Oriéntelo, pero no lo sustituya. Desde muy temprano en el proceso el niño debe aprender que él o ella es responsable por sus propias tareas. Ellos deben saber que usted estará disponibles con su apoyo y orientación, pero no sustituirá su propia responsabilidad. No haga el trabajo de su hijo, oriéntelo y promueva en él el esfuerzo personal.
Sepa cuándo intervenir. Hay tareas donde el maestro pide la ayuda de los padres; en esos casos usted debería estar siempre disponible. Hay otras donde el niño debe trabajar solo por petición del maestro; en estos casos no se debe interferir, aunque esto no significa que se deje de lado la función de supervisión de los padres.
Valore el esfuerzo de su hijo. Reconozca su esfuerzo y motívelo. Esto es esencial para mantener en su hijo una actitud positiva frente al aprendizaje. Aprenda a detectar cuando su hijo tiene dificultades con una tarea y sepa cuándo es el momento de cambiar de actividad o de descansar. Es tan nocivo exigir demasiado a los niños en sus deberes escolares, como pecar de negligencia.
Fuente: ¿Cómo ayudo a mi hijo con sus tareas escolares? Pedagogía Articulos Gratis
MI COMENTARIO:
Esto es una situación que se ha mantenido durante muchos años en relación al compromiso que debemos asumir los padres en las tareas escolares de nuestros hijos, pero para muchos padres y maestros esta debe ser una responsabilidad exclusiva de los hijos, mientras que otros afirman que si debería haber ayuda en una forma medida pero hasta cierta edad , cuando los hijos ya pueden ser responsables completamente de las tareas y compromisos escolares.
Algunos consejos que se proponen en auxilio a las tareas de los hijos son:
ü Dar a nuestros hijos condiciones apropiadas como un lugar bien iluminado y tranquilo y proveerles de los materiales necesarios para que puedan cumplir con dichos compromisos.
ü Educar a nuestros hijos, a programarse con el tiempo y que las tareas escolares sea lo primero con lo que ellos cumplan y que no sean lo último que hagan porque no estarían en condiciones por ser una hora inapropiada.
ü Darle la importancia necesaria a las tareas y motivarlo para que aún en las que requiere de mayor esfuerzo sea placentero para él.
ü Reconocer el esfuerzo que nuestros hijos hacen motivándolos, saber cuando ya han hecho mucho esfuerzo y permitirles el descanso para no caer en el extremo de la exigencia.
De esta manera estamos contribuyendo como padres, a motivar a nuestros hijos para un mejor desempeño escolar y un mayor interés por las tareas escolares.
domingo, 11 de julio de 2010
ARTICULO # 3 “MI MAESTRO NO ME QUIERE”
Por José Manuel Mañu
En ocasiones los profesores nos dejamos llevar de simpatías y antipatías. Menos de lo que parece, pero ocurre; y suele ser un síntoma de los que comienzan en la profesión o de los que no han alcanzado madurez profesional. En una clase con veinticinco o treinta alumnos hay una gran variedad de situaciones y suelen darse tres o cuatro alumnos revoltosos, buenos o malos estudiantes, y que suelen ser corregidos con frecuencia.
Ahora está de moda entre los pedagogos hablar de alumnos hipercinéticos, es decir lo que siempre se ha llamado movidos.
Los alumnos o alumnas que al comenzar la primaria querían enormemente a su profesor o profesora al llegar a cuarto o quinto se comienzan a distanciar, el juicio sobre sus profesores comienza a ser crítico y ya no les parece necesariamente bien todo lo que hace o dice. Es una reacción lógica, propia de la evolución psicológica, y que anuncia lo que se acentuará con la adolescencia.
Reacciones de la familia
Las diferencias más notables se producen como consecuencia de la reacción de los padres. Actualmente el entorno social es más exigente y crítico con los profesores que hace unos años.
Antes, las decisiones del equipo educativo eran respaldadas por casi todas las familias de un colegio. En la actualidad hay una gran disparidad de unas familias a otras. Cuando a un hijo o hija en fase psicológica crítica se unen unos padres hiperprotectores tenemos el caldo de cultivo propicio par que se produzca una tensión familia-colegio.
Hace unos años, un error frecuente era no escuchar al hijo o hija, y sin mediar conversación, respaldar la actuación del profesor. No era raro recibir una bofetada si se llegaba a casa quejándose de que le habían pegado. Esto ha cambiado pero, de todas formas, en algunos casos es como si hubieran vuelto del revés las cosas ahora el niño tiene siempre razón y el profesor ha de demostrar lo contrario.
Escuchar y analizar
A mi juicio, siempre debe escucharse al hijo o hija, aún sabiendo que por apasionamiento o por falta de perspectiva muchas veces estará equivocado. La sensatez de los padres les llevará a que si el asunto es grave o repetitivo, vayan al colegio a hablar con el tutor o el jefe de estudios. El resultado educativo de los enfrentamientos suele ser nulo o contraproducente.
La mayoría de las ocasiones no procede dar más importancia a lo que son los pequeños roces naturales de la convivencia. Los hijos deben acostumbrarse a saber que sus profesores son personas de carne y hueso, que hay unos más simpáticos que otros, que uno es muy exigente y el otro menos. En fin, la vida es variada y cuanto antes se acostumbren a esa diversidad, antes se adaptarán al mundo.
Ordinariamente la respuesta a esa excusa infantil de la supuesta manía del profesor, debe ser ayudar al hijo a reconocer su responsabilidad personal y a asumir las consecuencias de esa mala actuación, bajo rendimiento académico... Sólo en aquellos casos que con suficiente fundamento percibamos que el chico o chica tiene razón, procede actuar de otra manera.
En muchas ocasiones el tutor tiene suficientes datos sobre profesor y alumno como para darnos un consejo acertado. Si el afectado es el propio tutor lo aconsejable es acudir a alguna persona del equipo directivo.
¿Quién tiene razón?
Para un profesor no debe ser motivo de afrenta el pedir perdón a un alumno por una mala actuación. Eso no es perder la autoridad salvo para quien, por orgullo, no está dispuesto a rectificar. Por la misma razón, hay que enseñar a los alumnos a pedir perdón, en público o en privado. Es mucho más frecuente el apasionamiento y la ceguera entre los alumnos que entre los profesores y no suele ser buen método un careo entre profesor y alumno.
En principio, y mientras no se demuestre lo contrario, se debe presuponer equidad en el profesor y que por tanto no actúa por simpatías y antipatías. Cuando no sea así, su inmediato superior deberá corregir al profesor con toda la claridad necesario pero salvando siempre la autoridad moral que el profesor necesita tener delante de los alumnos.
http://www.aciprensa.com/Familia/profenome.htm
MI COMENTARIO:
Hoy en día algunos maestros saben cómo ganar simpatía con algunos alumnos, pero con otros no hay manera de que exista una buena relación siquiera. El hecho de que algunos alumnos sean un poco más dóciles y traten de llevarse bien con su maestro, provoca que el profesor sienta más inclinación hacia estos alumnos, o quizá muestre algún tipo de preferencia, es común que al maestro le pueda pasar, mas aun si es primerizo. También es normal encontrar alumnos que el maestro tenga que estar llamándoles la atención, alumnos que tengan mal comportamiento y esto causa que los demás crean que el maestro tienen sus alumnos preferidos, en mi opinión personal, el maestro debería tratar de ser un poco mas parcial, es fácil dejarse llevar por la buena relación que existe con algunos de ellos, pero se debe pensar que somos responsables de causar problemas en otros, como: conflictos entre ellos, desanimo en aquellos que se sienten relegados, rechazo al estudio, etc. cuando llega a suceder un problema con algún alumno, que ya se convierte en algo muy personal, lo mejor sería arreglarlo con maestro-alumno y director, y si el alumno intentará poner en mal a su maestro, entonces el director debiera tomar la postura de defender en todo momento al maestro delante del alumno, con esto no digo que no se tome en cuenta la opinión del alumno, sino que se debe de hablar con el maestro a solas y tratar de hacerle entender la situación y lo que está causando, claro esta que el director estará enterado de los antecedentes. Es de sabios errar, así que no creo que haya nada de malo en que un maestro reconozca su actitud frente al alumno e incluso pedir disculpas, al igual que el alumno al maestro, tratando de iniciar con una mejora en la relación. Creo que en estas situaciones el maestro debe de poner todo lo que esta de su parte para ganarse el cariño de los alumnos, y de alguna manera debe de tratar como ya lo dije antes, ser parcial, pero a la vez no dejar de lado el cariño y la atención que puede mostrar a todos ellos, el maestro debe ser el mejor ejemplo y la guía para que el alumno llegue a tener éxito dentro del salón de clases, ya que dependerá mucho la actitud de este para lograr una buena convivencia en el aula, y por consiguiente provocará que haya una buena relación entre compañeros, esto creará un mejor ambiente de trabajo para el alumno y para el maestro.
En ocasiones los profesores nos dejamos llevar de simpatías y antipatías. Menos de lo que parece, pero ocurre; y suele ser un síntoma de los que comienzan en la profesión o de los que no han alcanzado madurez profesional. En una clase con veinticinco o treinta alumnos hay una gran variedad de situaciones y suelen darse tres o cuatro alumnos revoltosos, buenos o malos estudiantes, y que suelen ser corregidos con frecuencia.
Ahora está de moda entre los pedagogos hablar de alumnos hipercinéticos, es decir lo que siempre se ha llamado movidos.
Los alumnos o alumnas que al comenzar la primaria querían enormemente a su profesor o profesora al llegar a cuarto o quinto se comienzan a distanciar, el juicio sobre sus profesores comienza a ser crítico y ya no les parece necesariamente bien todo lo que hace o dice. Es una reacción lógica, propia de la evolución psicológica, y que anuncia lo que se acentuará con la adolescencia.
Reacciones de la familia
Las diferencias más notables se producen como consecuencia de la reacción de los padres. Actualmente el entorno social es más exigente y crítico con los profesores que hace unos años.
Antes, las decisiones del equipo educativo eran respaldadas por casi todas las familias de un colegio. En la actualidad hay una gran disparidad de unas familias a otras. Cuando a un hijo o hija en fase psicológica crítica se unen unos padres hiperprotectores tenemos el caldo de cultivo propicio par que se produzca una tensión familia-colegio.
Hace unos años, un error frecuente era no escuchar al hijo o hija, y sin mediar conversación, respaldar la actuación del profesor. No era raro recibir una bofetada si se llegaba a casa quejándose de que le habían pegado. Esto ha cambiado pero, de todas formas, en algunos casos es como si hubieran vuelto del revés las cosas ahora el niño tiene siempre razón y el profesor ha de demostrar lo contrario.
Escuchar y analizar
A mi juicio, siempre debe escucharse al hijo o hija, aún sabiendo que por apasionamiento o por falta de perspectiva muchas veces estará equivocado. La sensatez de los padres les llevará a que si el asunto es grave o repetitivo, vayan al colegio a hablar con el tutor o el jefe de estudios. El resultado educativo de los enfrentamientos suele ser nulo o contraproducente.
La mayoría de las ocasiones no procede dar más importancia a lo que son los pequeños roces naturales de la convivencia. Los hijos deben acostumbrarse a saber que sus profesores son personas de carne y hueso, que hay unos más simpáticos que otros, que uno es muy exigente y el otro menos. En fin, la vida es variada y cuanto antes se acostumbren a esa diversidad, antes se adaptarán al mundo.
Ordinariamente la respuesta a esa excusa infantil de la supuesta manía del profesor, debe ser ayudar al hijo a reconocer su responsabilidad personal y a asumir las consecuencias de esa mala actuación, bajo rendimiento académico... Sólo en aquellos casos que con suficiente fundamento percibamos que el chico o chica tiene razón, procede actuar de otra manera.
En muchas ocasiones el tutor tiene suficientes datos sobre profesor y alumno como para darnos un consejo acertado. Si el afectado es el propio tutor lo aconsejable es acudir a alguna persona del equipo directivo.
¿Quién tiene razón?
Para un profesor no debe ser motivo de afrenta el pedir perdón a un alumno por una mala actuación. Eso no es perder la autoridad salvo para quien, por orgullo, no está dispuesto a rectificar. Por la misma razón, hay que enseñar a los alumnos a pedir perdón, en público o en privado. Es mucho más frecuente el apasionamiento y la ceguera entre los alumnos que entre los profesores y no suele ser buen método un careo entre profesor y alumno.
En principio, y mientras no se demuestre lo contrario, se debe presuponer equidad en el profesor y que por tanto no actúa por simpatías y antipatías. Cuando no sea así, su inmediato superior deberá corregir al profesor con toda la claridad necesario pero salvando siempre la autoridad moral que el profesor necesita tener delante de los alumnos.
http://www.aciprensa.com/Familia/profenome.htm
MI COMENTARIO:
Hoy en día algunos maestros saben cómo ganar simpatía con algunos alumnos, pero con otros no hay manera de que exista una buena relación siquiera. El hecho de que algunos alumnos sean un poco más dóciles y traten de llevarse bien con su maestro, provoca que el profesor sienta más inclinación hacia estos alumnos, o quizá muestre algún tipo de preferencia, es común que al maestro le pueda pasar, mas aun si es primerizo. También es normal encontrar alumnos que el maestro tenga que estar llamándoles la atención, alumnos que tengan mal comportamiento y esto causa que los demás crean que el maestro tienen sus alumnos preferidos, en mi opinión personal, el maestro debería tratar de ser un poco mas parcial, es fácil dejarse llevar por la buena relación que existe con algunos de ellos, pero se debe pensar que somos responsables de causar problemas en otros, como: conflictos entre ellos, desanimo en aquellos que se sienten relegados, rechazo al estudio, etc. cuando llega a suceder un problema con algún alumno, que ya se convierte en algo muy personal, lo mejor sería arreglarlo con maestro-alumno y director, y si el alumno intentará poner en mal a su maestro, entonces el director debiera tomar la postura de defender en todo momento al maestro delante del alumno, con esto no digo que no se tome en cuenta la opinión del alumno, sino que se debe de hablar con el maestro a solas y tratar de hacerle entender la situación y lo que está causando, claro esta que el director estará enterado de los antecedentes. Es de sabios errar, así que no creo que haya nada de malo en que un maestro reconozca su actitud frente al alumno e incluso pedir disculpas, al igual que el alumno al maestro, tratando de iniciar con una mejora en la relación. Creo que en estas situaciones el maestro debe de poner todo lo que esta de su parte para ganarse el cariño de los alumnos, y de alguna manera debe de tratar como ya lo dije antes, ser parcial, pero a la vez no dejar de lado el cariño y la atención que puede mostrar a todos ellos, el maestro debe ser el mejor ejemplo y la guía para que el alumno llegue a tener éxito dentro del salón de clases, ya que dependerá mucho la actitud de este para lograr una buena convivencia en el aula, y por consiguiente provocará que haya una buena relación entre compañeros, esto creará un mejor ambiente de trabajo para el alumno y para el maestro.
ARTICULO # 2 “ENSEÑAR: UNA VOCACIÓN PARA SER FELIZ”
No sé si se confabularon para hacerme todos juntos la misma pregunta o si fue pura casualidad. Pero lo cierto del caso es que consiguieron inquietarme y aquí estoy yo mismo preguntándome por qué soy un maestro. A decir verdad no he encontrado la respuesta correcta pero en cambio he encontrado muchas respuestas sueltas que, unidas entre sí, no me aclaran mucho las cosas pero por lo menos me hacen llegar a la conclusión de que soy feliz siendo maestro.
Aquí están algunas de esas respuestas, dirigidas a quienes me preguntaron y a quienes no lo hicieron. Son respuestas sobre todo para mí mismo y para ese maestro que hace algún tiempo vive en mi interior. Soy maestro porque se me ha concedido el privilegio de construir mundos posibles y soñar con universos imposibles. Porque comparto el cambio y a veces también hago que el cambio ocurra.
Soy maestro porque cada día aprendo el doble de lo que enseño. Por que es la única forma que existe de ganarlo todo sin perder nada. Soy maestro porque me siento como el alfarero tomando en mis manos mentes inocentes que al pasar por mis clases se convertirán en preciosos elementos de la alfarería social.
Soy maestro porque tengo la oportunidad de compartir con seres humanos de verdad, con personas de carne y hueso. Con gente que se equivoca, que tropieza y cae y se vuelve a levantar sin rendirse ni maldecir. Soy maestro por que es la única manera de lograr que me paguen mientras me divierto. Tal vez deba explicarme mejor. Siendo maestro, siento la misma sensación agradable, la misma excitación que siente mi vecino mientras conduce su flamante carro último modelo.
Soy maestro porque mis estudiantes, es decir, mi gente me concede el privilegio de contarme sus confidencias, de expresarme sus desalientos y manifestarme sus ilusiones. Soy maestro porque siéndolo ejercito un oficio desafiante, que es, al mismo tiempo muy fácil y también bastante difícil.
Es ingrata y a veces injusta mi profesión. Pero tiene algo especial, por encima de las injusticias y de las ingratitudes, me gusta ser maestro. Pero hay algo más que aún no les he contado: desde que soy maestro no trabajo. Me han dicho los que conocen el trabajo que este es muy duro y desagradable. Yo mismo lo pude comprobar cuando trabajaba en otros oficios, es decir cuando aún no tenía la dicha de ser maestro. Pero en cambio ahora... ahora la dureza del trabajo no la siento. Porque, ¿cómo voy a llamarle trabajo a mi distracción favorita?
Soy maestro porque me fascina el instante mágico en que descubro unos ojos atentos, una mente abierta un rostro optimista, una postura de entusiasmo: con ellos marcho por la senda del acuerdo y de los éxitos compartidos. Y también soy maestro porque me agrada el ceño arrugado del estudiante incrédulo, los ojos entrecerrados del que duda, la pregunta ingenua del confundido, la afirmación retadora del hombre crítico... esos gestos, esas acciones y sus dueños, me avisan que sigo siendo humano y que puedo equivocarme.
Soy maestro porque creo que Dios tiene confianza en mí. De otra manera no permitiría el buen Señor que esté compartiendo tanto tiempo con los hombres y las mujeres, ávidos de aprender y de emprender. Pudieron ir a otra parte para calmar su sed de aprender, pero vinieron a donde mí buscando un maestro. Vivo mi existencia intensamente siendo maestro y, pensándolo bien, no creo que haya una forma de vivir más intensamente la vida. Soy maestro porque tengo fe, esperanza y amor. Tengo fe en un porvenir del cual se me ha permitido ser protagonista.
Tengo la esperanza de caminar algún día por un camino tan amplio en donde usted y yo podamos transitar sin tropezarnos y tan angosto que pueda sentir de cerca nuestros afectos y calor humano. Y tengo el amor que cientos de personas me dan y me reciben mientras hago lo único que soy capaz de hacer bien: ser una persona humilde, amable y al servicio de mi gente.
En resumidas cuentas, quiero decirle al mundo que soy maestro porque los maestros somos... ...constructores de paz...sembradores de sueños...forjadores del progreso...visionarios de mundos nuevos y mejores. Es por eso que, maestro soy, y por siempre lo seré.
Alejandro Rutto Martínez es un prestigioso conferencista y escritor colombiano. Escrìbale a su correo: alejandrorutto@gmail.com. http://alejandrorutto.blogspot.com/
Fuente: Enseñar: una vocación para ser feliz Pedagogía Articulos Gratis
MI COMENTARIO:
He escogido este articulo pues creo me identifico mucho con él, ya que para mí es de mucho valor y satisfacción ser maestra, y aun mas ser maestra de pequeños tan bellos como lo son los niñitos de 4 años, es increíble la obra que podemos hacer los maestros, cada día en los corazones y las mentes de esos pequeños. Dios me ha dado el privilegio de poder enseñar el amor de Dios y llevar paso a pasito firme estos pequeños a los pies de Jesús. Es una hermosa experiencia el ser un maestro, quien no lo vea como una satisfacción, creo que mejor se debería dedicar a algo más, en este articulo este maestro se deleita en hablar de su experiencia en trabajar en un aula, para él no es más que interés, diversión, aprendizaje y retos. Personalmente creo que debemos amar lo que hacemos, para poder realizarlo con amor y con alegría, pues si no es así, se convertirá en una cruz y en una tediosa, rutinaria y amarga experiencia. Para el autor es la profesión que redime, que da esperanza de un mundo mejor, que recibe la confianza de Dios para moldear vasijas de barro. El hijo de Dios fue un maestro en esta tierra y es un honor para los que nos hacemos llamar maestros, pero también una grande pero muy grande, inmensa responsabilidad de enseñar, si tan siquiera supiéramos el significado profundo de esta palabra, en verdad que conoceríamos la realidad de la obra tan sublime que ha puesto en nuestras manos el maestro de maestros el Señor Jesús.
Aquí están algunas de esas respuestas, dirigidas a quienes me preguntaron y a quienes no lo hicieron. Son respuestas sobre todo para mí mismo y para ese maestro que hace algún tiempo vive en mi interior. Soy maestro porque se me ha concedido el privilegio de construir mundos posibles y soñar con universos imposibles. Porque comparto el cambio y a veces también hago que el cambio ocurra.
Soy maestro porque cada día aprendo el doble de lo que enseño. Por que es la única forma que existe de ganarlo todo sin perder nada. Soy maestro porque me siento como el alfarero tomando en mis manos mentes inocentes que al pasar por mis clases se convertirán en preciosos elementos de la alfarería social.
Soy maestro porque tengo la oportunidad de compartir con seres humanos de verdad, con personas de carne y hueso. Con gente que se equivoca, que tropieza y cae y se vuelve a levantar sin rendirse ni maldecir. Soy maestro por que es la única manera de lograr que me paguen mientras me divierto. Tal vez deba explicarme mejor. Siendo maestro, siento la misma sensación agradable, la misma excitación que siente mi vecino mientras conduce su flamante carro último modelo.
Soy maestro porque mis estudiantes, es decir, mi gente me concede el privilegio de contarme sus confidencias, de expresarme sus desalientos y manifestarme sus ilusiones. Soy maestro porque siéndolo ejercito un oficio desafiante, que es, al mismo tiempo muy fácil y también bastante difícil.
Es ingrata y a veces injusta mi profesión. Pero tiene algo especial, por encima de las injusticias y de las ingratitudes, me gusta ser maestro. Pero hay algo más que aún no les he contado: desde que soy maestro no trabajo. Me han dicho los que conocen el trabajo que este es muy duro y desagradable. Yo mismo lo pude comprobar cuando trabajaba en otros oficios, es decir cuando aún no tenía la dicha de ser maestro. Pero en cambio ahora... ahora la dureza del trabajo no la siento. Porque, ¿cómo voy a llamarle trabajo a mi distracción favorita?
Soy maestro porque me fascina el instante mágico en que descubro unos ojos atentos, una mente abierta un rostro optimista, una postura de entusiasmo: con ellos marcho por la senda del acuerdo y de los éxitos compartidos. Y también soy maestro porque me agrada el ceño arrugado del estudiante incrédulo, los ojos entrecerrados del que duda, la pregunta ingenua del confundido, la afirmación retadora del hombre crítico... esos gestos, esas acciones y sus dueños, me avisan que sigo siendo humano y que puedo equivocarme.
Soy maestro porque creo que Dios tiene confianza en mí. De otra manera no permitiría el buen Señor que esté compartiendo tanto tiempo con los hombres y las mujeres, ávidos de aprender y de emprender. Pudieron ir a otra parte para calmar su sed de aprender, pero vinieron a donde mí buscando un maestro. Vivo mi existencia intensamente siendo maestro y, pensándolo bien, no creo que haya una forma de vivir más intensamente la vida. Soy maestro porque tengo fe, esperanza y amor. Tengo fe en un porvenir del cual se me ha permitido ser protagonista.
Tengo la esperanza de caminar algún día por un camino tan amplio en donde usted y yo podamos transitar sin tropezarnos y tan angosto que pueda sentir de cerca nuestros afectos y calor humano. Y tengo el amor que cientos de personas me dan y me reciben mientras hago lo único que soy capaz de hacer bien: ser una persona humilde, amable y al servicio de mi gente.
En resumidas cuentas, quiero decirle al mundo que soy maestro porque los maestros somos... ...constructores de paz...sembradores de sueños...forjadores del progreso...visionarios de mundos nuevos y mejores. Es por eso que, maestro soy, y por siempre lo seré.
Alejandro Rutto Martínez es un prestigioso conferencista y escritor colombiano. Escrìbale a su correo: alejandrorutto@gmail.com. http://alejandrorutto.blogspot.com/
Fuente: Enseñar: una vocación para ser feliz Pedagogía Articulos Gratis
MI COMENTARIO:
He escogido este articulo pues creo me identifico mucho con él, ya que para mí es de mucho valor y satisfacción ser maestra, y aun mas ser maestra de pequeños tan bellos como lo son los niñitos de 4 años, es increíble la obra que podemos hacer los maestros, cada día en los corazones y las mentes de esos pequeños. Dios me ha dado el privilegio de poder enseñar el amor de Dios y llevar paso a pasito firme estos pequeños a los pies de Jesús. Es una hermosa experiencia el ser un maestro, quien no lo vea como una satisfacción, creo que mejor se debería dedicar a algo más, en este articulo este maestro se deleita en hablar de su experiencia en trabajar en un aula, para él no es más que interés, diversión, aprendizaje y retos. Personalmente creo que debemos amar lo que hacemos, para poder realizarlo con amor y con alegría, pues si no es así, se convertirá en una cruz y en una tediosa, rutinaria y amarga experiencia. Para el autor es la profesión que redime, que da esperanza de un mundo mejor, que recibe la confianza de Dios para moldear vasijas de barro. El hijo de Dios fue un maestro en esta tierra y es un honor para los que nos hacemos llamar maestros, pero también una grande pero muy grande, inmensa responsabilidad de enseñar, si tan siquiera supiéramos el significado profundo de esta palabra, en verdad que conoceríamos la realidad de la obra tan sublime que ha puesto en nuestras manos el maestro de maestros el Señor Jesús.
ARTICULO # 1 “LA EDUCACIÓN EN VALORES EN LAS PRIMERAS EDADES”
Desde las diferentes disciplinas científico-técnicas que estudian el comportamiento de las personas, las investigaciones que explican las estrategias y/o mecanismos cognitivos que posibilitan las relaciones entre nosotros y los aprendizajes que hacemos, se consensua en definir los primeros años de vida de nuestra especie como determinantes para que la integración de los sujetos en las sociedades sea adecuada a las normas, costumbres y valores ético-morales que dichas sociedades postulan como válidos y prioritarios para su propio progreso económico y cultural.
Partiendo de estos presupuestos, entendemos la Educación en Valores como el proceso que ayuda a las personas a construir racional y autónomamente sus valores (1). O sea, capacitar el ser humano de aquellos mecanismos cognitivos y afectivos, que, en completa armonía, nos ayuden a convivir con la equidad y comprensión necesarias para integrarnos como individuos sociales y como personas únicas, en el mundo que nos rodea. Se trata de trabajar las dimensiones morales de la persona para así potenciar el desarrollo y fomento de su autonomía, racionalidad y uso del diálogo como mecanismo habilitador en la construcción de principios y normas, tanto cognitivos como conductuales. Dichas dimensiones, a su vez, posibilitaran la equidad y empatía necesarias en dicho proceso, para que las formas de pensar y actuar se nos presenten parejas, en una relación simétrica frente a la resolución de conflicto de valores.
La Educación en Valores no se cuestiona los cambios significativos que se están dando a nivel personal ni social. Presupone que, si los valores económicos priman y devalúan los valores psicológicos y afectivos que nos ayudan a ser personas con criterios de auto reflexión hacia nosotros mismos y el mundo que nos rodea, a ser capaces de poder comprender al Otro como si de nosotros mismos se tratase, puede ser que, en un futuro quizás no muy lejano, viviremos en una sociedad despersonalizada y egoísta.
Hemos dicho que los valores son propios de las personas y que están por todas partes, es decir, todas nuestras acciones y pensamientos están llenos de valores. Este es un hecho que ha pasado, pasa y pasará siempre. Pero como profesionales de la educación no dejamos de sorprendernos de esta vuelta del VALOR dentro del ámbito educativo. Por esta razón nos preguntamos: ¿Qué ha pasado? ¿Por qué esta necesidad de educar en valores? (No olvidemos que hasta hace relativamente pocos años hablar de valor se consideraba “carca”). ¿Tendrá razón Lyotard(2) cuando dice que la crisis de los grandes relatos ha dejado a la persona sin historias comunes? Puede ser. Quizás esta necesidad de fomentar la Educación en Valores es debido a los cambios sociales, culturales y educativos. La evolución de las tecnologías es, hoy por hoy, un triunfo del Hombre, pero, quizás, este triunfo, que nos aporta un bienestar económico y cultural, hace que dejemos de lado sin pensar demasiado, la dimensión Humana de la persona. Pensamos que es por este motivo que hay colectivos de intelectuales que reflexionan sobre el ser humano que queremos para nuestro futuro.
Hemos citado a Lyotard como autor que intenta explicar el paso de la modernidad a la postmodernidad caracterizando esta última como la pérdida de la fe en los metarelatos abriendo el camino hacia los pequeños relatos, es decir, esas formas de conocimiento local que son internas a las comunidades dentro de las que pasan. Es la modernidad la que reconoce la incertidumbre, la complejidad, la diversidad, la subjetividad, etc. Se da cuenta que los dualismos que dominan el pensamiento son inadecuados para comprender el mundo que nos rodea, es decir, un mundo con muchas causas y efectos que interactuan de maneras complejas y que nos da diversas realidades. Por esta razón podemos decir que el mundo y el conocimiento son construidos socialmente, todas las personas nos podemos considerar como participantes activos en este proceso. Por esta razón y como educadores que somos hemos de ser conscientes de nuestro rol y de la manera como ayudamos a nuestros alumnos a construirse también socialmente. Es por esta razón que consideramos la educación moral como una construcción en la cual la escuela, la familia, los iguales, tienen un papel muy importante.
Podríamos atrevernos a comentar como lo hace Lyotard, que el individuo está en crisis, sin ánimo de ser catastrofistas, sino todo lo contrario, ya que la crisis subjetiva nos puede aportar nuevos elementos en la creatividad del pensamiento y con ellos abrirnos nuevos retos, posibilidades y expectativas, que nos ayudarán a respondernos las nuevas preguntas que nos esta suscitando. La Educación en Valores pretende adaptar las necesidades derivadas de dicha crisis y reorganizarlas en función de las expectativas educativas que de ella se derivan.
Uno de los elementos de análisis que queremos aportar en este escrito es, la reordenación del concepto de Infancia que, hasta ahora, tenemos elaborado, bien individualmente bien, colectivamente. Puesto que la sociedad está en constante proceso de cambio, las necesidades intelectuales y las prioridades también son cambiantes. Por lo tanto y como consecuencia de ello, el concepto de infancia o de niño, también debe reestructurarse progresivamente. Así pues, entendemos que no podemos trabajar desde los presupuestos de la Educación en Valores, con el concepto de un niño pasivo, una “tábula rasa”, el cual puede ser inoculado o instruido según determinados postulados educativos. El niño que desde nuestra disciplina se pretende, es un niño activo, con potencial cognitivo y afectivo, preparado para ir descubriendo sus posibilidades psíquicas, afectivas y sociales, con la ayuda de la información y conducta de todos los adultos involucrados en su educación.
Por ello creemos de importancia capital, ofrecer desde la institución educativa los conocimientos, procedimientos y actitudes que hagan posible la construcción de criterios morales propios, derivados de la razón y el diálogo. Y pensamos que todo este trabajo se debe iniciar ya con los más pequeños, es decir, en la educación infantil (3).
Pero, el problema con que nos encontramos los educadores en nuestra práctica docente, es que mientras nadie discute que la Educación en Valores debe empezar en las primeras edades y que es importante tenerla en cuenta, no dejando de lado otros aspectos psicológicos, sociológicos y afectivos, los referentes didácticos y la bibliografía al respecto son muy escasa, pues es muy limitado el material escrito sobre educación en valores en esta etapa educativa.
Esto hace que si los educadores y maestros no tienen referencias sobre esta temática es difícil que puedan hacer un análisis y reflexión sobre su propia práctica educativa, ya que no cuentan con modelos de posibles actividades sistematizadas para poder realizarlos con sus alumnos y alumnas. Estos referentes no deberían ser “recetas” sino materiales que les ayudarían a reflexionar sobre su propia realidad y poder ir construyendo una metodología y un ritmo de trabajo adecuado a su escuela y a sus necesidades. Decimos que no se tratarían de “recetas” ya que debemos tener en cuenta que en la educación en general y concretamente en el tema que estamos tratando las recetas y los métodos “mágicos” no existen como modelos a imitar a la perfección. Lo que sí es viable y aconsejable es el poder conocer diversas experiencias y formas diferentes de tratar esta temática pero es cada institución y cada educador el que reflexionará y diseñará cómo sistematizar el trabajo de los valores en su entorno atendiendo las necesidades sociales e individuales de los niños y niñas que forma parte de su entorno educativo. Además, hemos de reflexionar sobre el tema y ser responsables del “modelo” de reflexión y de intervención didáctica que construimos. También debemos tener en cuenta que el modelo al que lleguemos no podemos darlo nunca por acabado ni podemos pensar que no se puede mejorar ya que como profesionales de la educación sabemos que la tarea educativa es un tipo de tarea que está continuamente en constante progreso y con la cual debemos adoptar siempre un proceso de cuestionamiento, de diálogo, de reflexión, ... y de autoreflexión, para así ir construyendo el día a día y mejorar nuestra práctica docente.
Pero aunque no existan demasiadas referencias bibliográficas al respecto sabemos que la Educación en Valores es muy trabajada en las primeras edades aunque no se hace de forma sistematizada, por lo tanto explícita y en pocas ocasiones se reflexiona sobre los valores que transmitimos a los niños y niñas, sea con nuestro tono de voz, con los juegos que proponemos, en las actividades programadas que llevamos a cabo, en la hora de la comida, cuando cambiamos los pañales o los peinamos, etc.
Trabajamos en valores constantemente, puesto que los transmitimos consciente o inconscientemente, en todas las actividades que proponemos a los alumnos o en nuestra relación con ellos. Nuestra intención no es cargar al maestro y la maestra de educación infantil con más actividades educativas, ya que conocemos lo exhaustivo que es. Queremos transmitirle el mensaje La educación en Valores no la podemos entender sino es desde la transversalidad. Es decir, aprovechando que la edad de los niños y niñas nos lo permite, debemos partir de los currícula y programaciones de aula para poder marcarnos los parámetros adecuados para trabajar la educación en valores en un sentido globalizador e integral, puesto que, como ya hemos dicho, los valores son una cualidad exclusiva de las personas y en todas nuestras acciones, sentimientos, intereses, prioridades, ... hay presentes, seamos o no concientes, una serie de valores que nos condicionan tanto a nivel personal como en nuestra relación con los otros.
Lo importante es no dejar de pensar y reflexionar sobre qué valores queremos transmitir y reflexionar si son estos los que transmitimos o quizás transmitimos los contrarios. Es decir, quizás quiero que unos niños y niñas sepan escucharse unos a otros y yo soy el primero que no los escucho a ellos. Quizás me gusta que me den los buenos días y yo no se los doy a ellos. Estas son situaciones que se dan, provocadas muchas veces, por la rutina de la cotidianeidad y que nos pueden pasar a nosotros. Solamente reflexionando en el día a día podemos darnos cuenta de ello y re-pensar nuestra tarea de educadores y educadoras.
Así pues, el retorno de la importancia de la educación en valores, es para nosotros una necesidad y, desde nuestro bagaje educativo vemos muy positivamente el interés que esta suscita.
No nos debe asustar como podemos concretar objetivos, o concretar metodologías orientadas en esta línea. Tal y como hemos dicho en otro momento, siempre se está educando en valores. Sólo nos lo debemos creer nosotros mismos y reflexionar sobre ello. Nuestra manera de entender el mundo y los otros es un potencial que estamos transmitiendo a nuestros alumnos, a nuestros hijos,... Este potencial lo transmitimos con la finalidad que nuestros niños y niñas sean los adultos del futuro. Es decir, personas comprometidas con su sociedad: solidarias, justas, sinceras, capaces de ponerse en el lugar del otro, honradas, etc. y, lo que es más importante, que sepan dar continuidad a la educación en valores.
El resultado de nuestro trabajo ha de ser pues, el resultado de cada día, de la paciencia, de la interacción, del dominio de conocimientos... y es un resultado que se irá evaluando procesualmente, es un trabajo de “hormiguita”, es la maduración lenta de un fruto, pero de un fruto muy importante, delicado y especial: es el fruto de la calidad de Humanidad del futuro.
http://www.oei.es/valores2/boletin9.htm
MI COMENTARIO:
Los valores morales se sitúan en un lugar muy especial e importante dentro de nuestra sociedad, la lectura nos dice que sin valores no podemos convivir y hacer buenas relaciones dentro de nuestra sociedad, en un mundo tan egoísta y tan apurado, es necesario que volvamos a retomar los valores que hemos perdido, ya que estos nunca pasarán de moda, pues básicamente son parte de nuestro desarrollo y de la manera en como enfrentamos las diferentes situaciones o problemas que se nos presentan en la vida, necesarios para la convivencia familiar y social. Pero que podemos decir acerca de la educación en valores en el ámbito escolar? Es donde realmente ha perdido su razón de ser, ya que la modernidad y la tecnología ha provocado de alguna manera la perdida de los valores dentro de la educación, son pocas aun las propuestas en las escuelas para trabajar con valores, poco material. Esta necesidad de regresar nuevamente a trabajar en valores ha puesto ha pensar a las autoridades encargadas, prestando así mas atención y promoviendo que debe comenzarse desde la educación inicial, desde los mas pequeñitos, claro está que las maestras deben estar abiertas a trabajar mas con actividades que pueda involucrar a los niños a aprender estos valores, pero no solo aprenderlos sino también a practicarlos dentro y fuera del aula. Claramente que el niño de preescolar no va a salir siendo todo un experto en valores, es un trabajo que nos toca hacer a cada uno de los maestros y maestras, poniendo nuestro granito de arena, construyendo en el niño con paciencia pero con firmeza peldaño tras peldaño hasta alcanzar el objetivo de llegar a ser los individuos que requiere nuestra sociedad, hombres consientes de las necesidades, leales, honestos, de firmeza de carácter pero no insensibles, hombres justos. De está manera los maestros estamos Contribuyendo y logrando el propósito que es mejorar nuestro mundo en el que vivimos.
Partiendo de estos presupuestos, entendemos la Educación en Valores como el proceso que ayuda a las personas a construir racional y autónomamente sus valores (1). O sea, capacitar el ser humano de aquellos mecanismos cognitivos y afectivos, que, en completa armonía, nos ayuden a convivir con la equidad y comprensión necesarias para integrarnos como individuos sociales y como personas únicas, en el mundo que nos rodea. Se trata de trabajar las dimensiones morales de la persona para así potenciar el desarrollo y fomento de su autonomía, racionalidad y uso del diálogo como mecanismo habilitador en la construcción de principios y normas, tanto cognitivos como conductuales. Dichas dimensiones, a su vez, posibilitaran la equidad y empatía necesarias en dicho proceso, para que las formas de pensar y actuar se nos presenten parejas, en una relación simétrica frente a la resolución de conflicto de valores.
La Educación en Valores no se cuestiona los cambios significativos que se están dando a nivel personal ni social. Presupone que, si los valores económicos priman y devalúan los valores psicológicos y afectivos que nos ayudan a ser personas con criterios de auto reflexión hacia nosotros mismos y el mundo que nos rodea, a ser capaces de poder comprender al Otro como si de nosotros mismos se tratase, puede ser que, en un futuro quizás no muy lejano, viviremos en una sociedad despersonalizada y egoísta.
Hemos dicho que los valores son propios de las personas y que están por todas partes, es decir, todas nuestras acciones y pensamientos están llenos de valores. Este es un hecho que ha pasado, pasa y pasará siempre. Pero como profesionales de la educación no dejamos de sorprendernos de esta vuelta del VALOR dentro del ámbito educativo. Por esta razón nos preguntamos: ¿Qué ha pasado? ¿Por qué esta necesidad de educar en valores? (No olvidemos que hasta hace relativamente pocos años hablar de valor se consideraba “carca”). ¿Tendrá razón Lyotard(2) cuando dice que la crisis de los grandes relatos ha dejado a la persona sin historias comunes? Puede ser. Quizás esta necesidad de fomentar la Educación en Valores es debido a los cambios sociales, culturales y educativos. La evolución de las tecnologías es, hoy por hoy, un triunfo del Hombre, pero, quizás, este triunfo, que nos aporta un bienestar económico y cultural, hace que dejemos de lado sin pensar demasiado, la dimensión Humana de la persona. Pensamos que es por este motivo que hay colectivos de intelectuales que reflexionan sobre el ser humano que queremos para nuestro futuro.
Hemos citado a Lyotard como autor que intenta explicar el paso de la modernidad a la postmodernidad caracterizando esta última como la pérdida de la fe en los metarelatos abriendo el camino hacia los pequeños relatos, es decir, esas formas de conocimiento local que son internas a las comunidades dentro de las que pasan. Es la modernidad la que reconoce la incertidumbre, la complejidad, la diversidad, la subjetividad, etc. Se da cuenta que los dualismos que dominan el pensamiento son inadecuados para comprender el mundo que nos rodea, es decir, un mundo con muchas causas y efectos que interactuan de maneras complejas y que nos da diversas realidades. Por esta razón podemos decir que el mundo y el conocimiento son construidos socialmente, todas las personas nos podemos considerar como participantes activos en este proceso. Por esta razón y como educadores que somos hemos de ser conscientes de nuestro rol y de la manera como ayudamos a nuestros alumnos a construirse también socialmente. Es por esta razón que consideramos la educación moral como una construcción en la cual la escuela, la familia, los iguales, tienen un papel muy importante.
Podríamos atrevernos a comentar como lo hace Lyotard, que el individuo está en crisis, sin ánimo de ser catastrofistas, sino todo lo contrario, ya que la crisis subjetiva nos puede aportar nuevos elementos en la creatividad del pensamiento y con ellos abrirnos nuevos retos, posibilidades y expectativas, que nos ayudarán a respondernos las nuevas preguntas que nos esta suscitando. La Educación en Valores pretende adaptar las necesidades derivadas de dicha crisis y reorganizarlas en función de las expectativas educativas que de ella se derivan.
Uno de los elementos de análisis que queremos aportar en este escrito es, la reordenación del concepto de Infancia que, hasta ahora, tenemos elaborado, bien individualmente bien, colectivamente. Puesto que la sociedad está en constante proceso de cambio, las necesidades intelectuales y las prioridades también son cambiantes. Por lo tanto y como consecuencia de ello, el concepto de infancia o de niño, también debe reestructurarse progresivamente. Así pues, entendemos que no podemos trabajar desde los presupuestos de la Educación en Valores, con el concepto de un niño pasivo, una “tábula rasa”, el cual puede ser inoculado o instruido según determinados postulados educativos. El niño que desde nuestra disciplina se pretende, es un niño activo, con potencial cognitivo y afectivo, preparado para ir descubriendo sus posibilidades psíquicas, afectivas y sociales, con la ayuda de la información y conducta de todos los adultos involucrados en su educación.
Por ello creemos de importancia capital, ofrecer desde la institución educativa los conocimientos, procedimientos y actitudes que hagan posible la construcción de criterios morales propios, derivados de la razón y el diálogo. Y pensamos que todo este trabajo se debe iniciar ya con los más pequeños, es decir, en la educación infantil (3).
Pero, el problema con que nos encontramos los educadores en nuestra práctica docente, es que mientras nadie discute que la Educación en Valores debe empezar en las primeras edades y que es importante tenerla en cuenta, no dejando de lado otros aspectos psicológicos, sociológicos y afectivos, los referentes didácticos y la bibliografía al respecto son muy escasa, pues es muy limitado el material escrito sobre educación en valores en esta etapa educativa.
Esto hace que si los educadores y maestros no tienen referencias sobre esta temática es difícil que puedan hacer un análisis y reflexión sobre su propia práctica educativa, ya que no cuentan con modelos de posibles actividades sistematizadas para poder realizarlos con sus alumnos y alumnas. Estos referentes no deberían ser “recetas” sino materiales que les ayudarían a reflexionar sobre su propia realidad y poder ir construyendo una metodología y un ritmo de trabajo adecuado a su escuela y a sus necesidades. Decimos que no se tratarían de “recetas” ya que debemos tener en cuenta que en la educación en general y concretamente en el tema que estamos tratando las recetas y los métodos “mágicos” no existen como modelos a imitar a la perfección. Lo que sí es viable y aconsejable es el poder conocer diversas experiencias y formas diferentes de tratar esta temática pero es cada institución y cada educador el que reflexionará y diseñará cómo sistematizar el trabajo de los valores en su entorno atendiendo las necesidades sociales e individuales de los niños y niñas que forma parte de su entorno educativo. Además, hemos de reflexionar sobre el tema y ser responsables del “modelo” de reflexión y de intervención didáctica que construimos. También debemos tener en cuenta que el modelo al que lleguemos no podemos darlo nunca por acabado ni podemos pensar que no se puede mejorar ya que como profesionales de la educación sabemos que la tarea educativa es un tipo de tarea que está continuamente en constante progreso y con la cual debemos adoptar siempre un proceso de cuestionamiento, de diálogo, de reflexión, ... y de autoreflexión, para así ir construyendo el día a día y mejorar nuestra práctica docente.
Pero aunque no existan demasiadas referencias bibliográficas al respecto sabemos que la Educación en Valores es muy trabajada en las primeras edades aunque no se hace de forma sistematizada, por lo tanto explícita y en pocas ocasiones se reflexiona sobre los valores que transmitimos a los niños y niñas, sea con nuestro tono de voz, con los juegos que proponemos, en las actividades programadas que llevamos a cabo, en la hora de la comida, cuando cambiamos los pañales o los peinamos, etc.
Trabajamos en valores constantemente, puesto que los transmitimos consciente o inconscientemente, en todas las actividades que proponemos a los alumnos o en nuestra relación con ellos. Nuestra intención no es cargar al maestro y la maestra de educación infantil con más actividades educativas, ya que conocemos lo exhaustivo que es. Queremos transmitirle el mensaje La educación en Valores no la podemos entender sino es desde la transversalidad. Es decir, aprovechando que la edad de los niños y niñas nos lo permite, debemos partir de los currícula y programaciones de aula para poder marcarnos los parámetros adecuados para trabajar la educación en valores en un sentido globalizador e integral, puesto que, como ya hemos dicho, los valores son una cualidad exclusiva de las personas y en todas nuestras acciones, sentimientos, intereses, prioridades, ... hay presentes, seamos o no concientes, una serie de valores que nos condicionan tanto a nivel personal como en nuestra relación con los otros.
Lo importante es no dejar de pensar y reflexionar sobre qué valores queremos transmitir y reflexionar si son estos los que transmitimos o quizás transmitimos los contrarios. Es decir, quizás quiero que unos niños y niñas sepan escucharse unos a otros y yo soy el primero que no los escucho a ellos. Quizás me gusta que me den los buenos días y yo no se los doy a ellos. Estas son situaciones que se dan, provocadas muchas veces, por la rutina de la cotidianeidad y que nos pueden pasar a nosotros. Solamente reflexionando en el día a día podemos darnos cuenta de ello y re-pensar nuestra tarea de educadores y educadoras.
Así pues, el retorno de la importancia de la educación en valores, es para nosotros una necesidad y, desde nuestro bagaje educativo vemos muy positivamente el interés que esta suscita.
No nos debe asustar como podemos concretar objetivos, o concretar metodologías orientadas en esta línea. Tal y como hemos dicho en otro momento, siempre se está educando en valores. Sólo nos lo debemos creer nosotros mismos y reflexionar sobre ello. Nuestra manera de entender el mundo y los otros es un potencial que estamos transmitiendo a nuestros alumnos, a nuestros hijos,... Este potencial lo transmitimos con la finalidad que nuestros niños y niñas sean los adultos del futuro. Es decir, personas comprometidas con su sociedad: solidarias, justas, sinceras, capaces de ponerse en el lugar del otro, honradas, etc. y, lo que es más importante, que sepan dar continuidad a la educación en valores.
El resultado de nuestro trabajo ha de ser pues, el resultado de cada día, de la paciencia, de la interacción, del dominio de conocimientos... y es un resultado que se irá evaluando procesualmente, es un trabajo de “hormiguita”, es la maduración lenta de un fruto, pero de un fruto muy importante, delicado y especial: es el fruto de la calidad de Humanidad del futuro.
http://www.oei.es/valores2/boletin9.htm
MI COMENTARIO:
Los valores morales se sitúan en un lugar muy especial e importante dentro de nuestra sociedad, la lectura nos dice que sin valores no podemos convivir y hacer buenas relaciones dentro de nuestra sociedad, en un mundo tan egoísta y tan apurado, es necesario que volvamos a retomar los valores que hemos perdido, ya que estos nunca pasarán de moda, pues básicamente son parte de nuestro desarrollo y de la manera en como enfrentamos las diferentes situaciones o problemas que se nos presentan en la vida, necesarios para la convivencia familiar y social. Pero que podemos decir acerca de la educación en valores en el ámbito escolar? Es donde realmente ha perdido su razón de ser, ya que la modernidad y la tecnología ha provocado de alguna manera la perdida de los valores dentro de la educación, son pocas aun las propuestas en las escuelas para trabajar con valores, poco material. Esta necesidad de regresar nuevamente a trabajar en valores ha puesto ha pensar a las autoridades encargadas, prestando así mas atención y promoviendo que debe comenzarse desde la educación inicial, desde los mas pequeñitos, claro está que las maestras deben estar abiertas a trabajar mas con actividades que pueda involucrar a los niños a aprender estos valores, pero no solo aprenderlos sino también a practicarlos dentro y fuera del aula. Claramente que el niño de preescolar no va a salir siendo todo un experto en valores, es un trabajo que nos toca hacer a cada uno de los maestros y maestras, poniendo nuestro granito de arena, construyendo en el niño con paciencia pero con firmeza peldaño tras peldaño hasta alcanzar el objetivo de llegar a ser los individuos que requiere nuestra sociedad, hombres consientes de las necesidades, leales, honestos, de firmeza de carácter pero no insensibles, hombres justos. De está manera los maestros estamos Contribuyendo y logrando el propósito que es mejorar nuestro mundo en el que vivimos.
viernes, 9 de julio de 2010
jueves, 8 de julio de 2010
“EL MAESTRO Y EL PRIMER DÍA DE CLASES”
El maestro tiene que prepararse cuidadosamente y hacer todo lo posible para que todo en su clase marche bien. La clase considera el aula como su territorio, está familiarizada con ella. Debe ganarse su puesto y hacerse respetar por la clase. El primer principio consiste en conseguir la mayor información posible sobre la clase, antes de ir a ella. Lógicamente, también es importante haber preparado con anticipación su clase y las actividades que se llevaran a cabo. Es bueno además que uno sepa dónde se encuentra las cosas y, de manera más general, familiarizarse con el espacio del aula.Se trata de planificar cuidadosamente la primera clase del primer día escolar, hay que tratar de estar en el aula antes que los alumnos. Ser cordial y atento sin caer en el exceso de confianza, pero a la vez mostrando sencillez. Si pasa algo desagradable dentro del aula se debe aclarar con firmeza pero también con tranquilidad que no nos gusta, ya que esa actitud perjudica el trabajo de todos y la armonía. La primera impresión que da el maestro es realmente la que el alumno tendrá de él, es por eso que debe causar una buena impresión el primer día de clases haciéndolo con sencillez, pero a la vez con disciplina y respeto. Podemos finalizar diciendo que, el reto para el maestro de ganarse el grupo no ha der cosa fácil, pero con una buena actitud y con la evidencia que puede mostrar de que ha tenido una buena preparación de su clase, será más fácil poder ganar la confianza y el respeto de su grupo. Ya que de esto dependerá que el maestro sea bien recibido y pueda trabajar esperando que los alumnos tengan su mejor actitud frente a la materia.
"EL PAPEL DEL MAESTRO DENTRO DEL AULA"
De acuerdo con la información que podemos escuchar entre los jóvenes, sus maestros utilizan con frecuencia estrategias de enseñanza que ellos consideran aburridas o que siempre son las mismas. El dictado y tomar apuntes, parece ser el método favorito de muchos maestros, y por consecuencia el alumno se aburre y pierden todo el interés por aprender. Los alumnos dicen estar de acuerdo en que un buen maestro es aquel que explica los contenidos de su materia de forma que ellos entiendan. Un buen maestro hace su clase interesante y dinámica y despierta el interés de sus alumnos por aprender.Se han llevado a cabo algunas investigaciones donde nos damos cuenta que al alumno le llega a gustar mas una materia, dependiendo el maestro que se la imparta y de cómo lo haga. Los estudiantes consideran que su aprendizaje mejoraría si sus maestros estuvieran mejor preparados y cambiaran ciertas actitudes y conductas. Con lo que hemos visto y pruebas que se han realizado, el aprendizaje del alumno está ligado a la manera en que el maestro imparte sus clases, en otras palabras a la motivación que este utiliza para despertar el interés. Nos damos cuenta entonces que el alumno realmente quiere que el maestro se encuentre bien preparado, pues de esto dependerá, que los alumnos tengan iniciativa para despertar sus ideas y puedan involucrarse mas y mejor en todas las actividades que el maestro proponga.Para finalizar creo que las estrategias que se han venido utilizando con el paso del tiempo en las diferentes materias, resulta rutinario o aburrido para los alumnos (dictado - resúmenes), sino ellos viven con otras ideas de avance en tecnología, el alumno de ahora quisiera enfrentar mas retos, existen muchas maneras de hacer mas interesante las clases, pues se puede disponer de herramientas o material didáctico que ayude al maestro para despertar mas el interés, entonces podemos decir que el maestro es el principal medio para que el alumno pueda llegar a tener un aprendizaje mejor y mas significativo.
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